La Resurreción

Bajada de Jesucristo a los infiernos 

¿Qué nos enseña el quinto artículo del Símbolo? Nos enseña dos verdades: 1ª la bajada de Jesucristo a los infiernos; 2ª su gloriosa resurrección.

¿Qué fue del cuerpo de Jesucristo después de muerto? Fue depositado en el sepulcro, donde lo custodiaron con cui­dado los soldados que apostó allí la sinagoga. “Ahí tenéis la guardia, id y ponedla como os parezca. Con eso yendo allá, aseguraron bien el sepulcro sellando la piedra, y poniendo guardas de vista” (Mat., XXVII, 45, 46).

¿Qué fue de su alma? Descendió a los infiernos.Penetraré todas las partes más hondas de la tierra, y echaré una mirada sobre todos los que duermen e iluminaré a todos los que espe­ran en el Señor” (Ecli., XXIV, 45).

¿El cuerpo y el alma de Nuestro Señor permanecieron siempre unidos a su divinidad? Sí: el cuerpo y el alma de Nuestro Señor permanecieron siempre hipostáticamente unidos a su divinidad, pues nunca dejaron de ser el cuerpo y el alma del Hijo de Dios.

¿Qué quiere decir la palabra infierno? Significa lugar bajo, inferior, subterráneo.

¿Cuántas clases de lugares bajos se distinguen? Cuatro: el infierno, el purgatorio, el limbo de los justos y el limbo de los niños.

¿A qué limbo descendió substancialmente el alma de Jesucristo? Al limbo de los justos, unidos a Dios por la fe y la caridad.

¿Qué almas estaban retenidas en el limbo de los justos? Las almas de todos los que morían justificados, fueran Judíos o Gentiles, ya enteramente purificadas de sus faltas.

¿Padecían estas almas alguna pena? Solamente la que les ocasionaba la espera y cautividad. Poseían la gracia para siempre; estaban seguras de una felicidad sin fin; soportaban con resignación su destierro temporal, y veían con alegría siempre creciente aproximarse el momento de su liberación.

¿Por qué al limbo de los justos se le llama en la Escritura seno de Abraham? Porque Abrahán, agradable a Dios sobre todos los patriarcas, fue constituido padre de los creyentes, de tal suerte que puede decirse de los que imitan su fe y obediencia que descansan en su seno, esto es, donde él mismo descansa. “Murió dicho mendigo, y fue llevado por los ángeles al lleno de Abraham” (Luc., XVI, 22).

¿Por qué descendió el alma de Jesucristo al limbo? 1º Para obedecer a la ley general conforme a la cual las almas de los justos, después de la muerte, tenían que ir al limbo hasta que les fuese abierto el Cielo por el Redentor. 2º Para aguardar el momento de la resurrección. 3º Para cumplir su misión de Redentor con las almas de los justos.

¿En qué consistía esta misión? Esta misión era: 1° Anunciarles la Redención. “Cristo murió una vez por nuestro pecado…, fue también a predicar a los espíritus encarcelados” (I Pedro III, 18, 19). 2° Regocijarlos con la contemplación de su alma unida a la divinidad. Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Luc., XXIII, 43). “Al llegar Jesús a los limbos, se trocaron éstos en verdadero paraíso porque allí donde está Jesús está el cielo” (S. JUAN CRISÓSTOMO). 3º Darles la seguridad de que dentro de pocos días, le acom­pañarían al cielo en su entrada triunfante. “y tú mismo, mediante la sangre de tu testamento, has hecho salir a los tuyos, que se hallaban cautivos, del lago o fosa en que no hay agua” (Zac., IX, 11).

¿Qué sentimientos experimentaron las almas de las justos al ver la del Salvador? 1º Se sintieron llenas de alegría y de inefables consolaciones. 2° Adoraron a su Salvador, transportadas de amor y reconocimiento.Bendito sea el Señor Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo” (Luc., I, 68).

El alma de Jesús ¿apareció substancialmente presente en otro lugar que en el limbo de los justos? No apareció substancial mente fuera del limbo de los justos, y es probable que permaneció allí todo el tiempo que su cuerpo estuvo en el sepulcro; pero no se puede dudar de que manifes­tase su poder ya en el purgatorio, ya en el infierno.

¿Cómo manifestó el alma de Jesús su poder en el purgatorio? Haciendo experimentar a las almas que en él se hallaban los efectos de su misericordia.

¿Cuáles fueron dichos efectos? Dichos efectos fueron: 1º el alivio en las penas de estas almas santas; 2º la liberación inmediata de algunas que pasaron al limbo; 3° la entrada en el cielo de gran número de ellas, el día de la Ascensión, cortejando al Salvador.

¿Cómo manifestó el alma de Jesús su poder en el infierno de los condenados? Por el triunfo que lograba sobre el príncipe de las tinieblas. “Cancelada la cédula del decreto firmado contra nosotros…….., quitóla de en medio, enclavándola en la cruz. Y despojando con esto a los principados y potestades infernales, los sacó valerosamente en público, y llevó delante de sí, triunfando de ellos en su propia persona o por su pasión y muerte” (Col., II, 14, 15) – “Ha destruido por su muerte al que tenía el imperio de la muerte, es a saber; al diablo” (Hebr., II, 14). 

Resurrección de Jesucristo

Salida del sepulcro 

¿Cuál es el misterio más glorioso de la vida de Nuestro Señor Jesucristo? El misterio de su resurrección. “Este es el día que ha hecho el Señor. Alegrémonos y regocijémonos en él” (Salmo CXVII, 24).

¿Por qué celebra la Iglesia este misterio con tanta solemnidad? Porque es el día en que Jesucristo, su divino Esposo, triunfó de la muerte y proclamó la vida inmortal; el día en que hizo de este milagro la piedra angular del cristianismo; el día en que rehabilitó a la humanidad entera y le dio, en su persona, prendas de la gloria eterna. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia nos ha regenerado con una viva esperanza de vida eterna, mediante la resurrección de Jesucristo…, para alcanzar algún día una herencia incorruptible, y que no puede contaminarse, y que el inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros” (I Pedro I, 3-4).

¿Cómo resucitó Jesucristo? Por un acto de su omnipotencia divina reunió Jesús su alma a su cuerpo y salió vivo del sepulcro.

¿Qué día resucitó Jesucristo? En la aurora del tercer día después de su muerte, que era el primero de la semana.

¿Qué ocurrió en el instante de su resurrección? Se sintió un gran terremoto; porque bajó del cielo un ángel del Señor: y llegándose al sepulcro removió la piedra, y sentóse encima. Su semblante brillaba como el relámpago, y era su vestidura blanca como la nieve. De lo cual quedaron los guardas tan aterrados, que estaban como muertos” (Mat., XXVIII, 2-4).

¿Vieron los guardas al Salvador resucitado? No vieron más que al ángel, y huyeron tan pronto como vol­vieron en sí de su espanto. 

Las santas mujeres en el sepulcro 

¿Por qué fueron las santas mujeres al sepulcro tan de mañana? Para concluir de amortajar al Salvador, para lo que ya el Viernes por la tarde, y el sábado al anochecer, pasada la hora del descanso sabático, se proveyeron de aromas y perfumes.

¿Cómo hicieron el trayecto? María Magdalena y la otra María salieron de la ciudad, cuando aún reinaban las tinieblas de la noche y comenzaban a asomar los primeros albores del día. Las otras mujeres llegaron también al sepulcro cuando el sol ya había salido. Como ignoraban que hubieran puesto guardas y sellado la piedra, se decían unas a otras mientras caminaban: “Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro” (Marc., XVI, 3).

¿Qué hizo María Magdalena cuando vio el sepulcro abierto? Preocupada con la idea de que el cuerpo del Salvador había sido robado, se fue corriendo a buscar a Simón Pedro y al discípulo amado de Jesús, y les dijo: “Han quitado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto” (Juan XX, 2).

¿Qué les fue revelado a las otras santas mujeres? Después que hube partido María Magdalena, las otras san­tas mujeres entraron en el sepulcro, y no hallando el cuerpo de Jesús, quedaron consternadas, cuando de repente, dos ángeles en figura humana, revestidos con hábitos resplandecientes, se les aparecieron. Uno de ellos les dijo: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí; ha resucitado. Recordad que ya os lo tenía dicho estando todavía en Galilea. Venid y ved el lugar donde lo habían colocado. Id pronto a decir a sus discípulos, y a Pedro, que ha resucitado” (Mat., XXVIII, 6, 7).

¿Qué hicieron Pedro y Juan avisados por la Magdalena? Fueron corriendo al sepulcro. Juan, Como corría más, llegó antes; se asomó y vio que los lienzos estaban allí, pero no entró. Simón Pedro llegó después y entró en el sepulcro, y vio los lienzos en el suelo, y que el sudario que habían puesto sobre la cabeza de Jesús no estaba junto con los lienzos, sino que se hallaba plegado aparte. Juan, entrando después en el sepulcro, vio y creyó (Juan XX, 3, 5).

¿Qué es lo que dio a estos dos discípulos la idea de la resurrección? Pedro y Juan no habían encontrado a las santas mujeres encargadas de anunciarles la noticia, no habían visto tampoco a los ángeles; pero habiéndose enterado del estado del sepulcro, concluyeron que no había habido robo, como creía la Magdalena, y que el cuerpo debía de haber desaparecido por símismo. Entonces se acordaron de las Escrituras y de las predicaciones del Salvador, y se volvieron a casa admirando lo que había sucedido. 

Apariciones de Jesús resucitado 

¿A quién favoreció Jesús con su primera aparición? Fue con toda probabilidad a su Santísima Madre.

¿Qué títulos tenía María a tal favor? 1º Era su Madre querida. 2º Nadie suspiraba por Jesús con tan ardientes votos. 3º Nadie había tomado tanta parte en su dolorosa Pasión. 4º Nadie había conservado en su corazón una fe tan perfecta en la resurrección del Salvador (Juan XX, 1).

¿Cómo se dio a conocer Jesús a María Magdalena? Después que se hubieron ido los Apóstoles, Magdalena quedó sola y llorando fuera del sepulcro. Habiéndose asomado para mirar dentro, vio a dos ángeles que le dijeron: “¿Mujer, por qué lloras? Porque han quitado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto?” (Juan XX, 13). Cuando hubo dicho esto, se volvió y vio a Jesús de pie; pero sin saber que fuese Él. “Mujer, le dijo Jesús, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas?” Magdalena, creyendo que era un forastero, le respondió: “Si eres tú el que lo has quitado, dime dónde lo has puesto, y yo lo tomaré”. Jesús le dijo: “¡María!”. Volviéndose hacia Jesús le dijo: “¡Rabboni1 (que significa Maestro). “Ve a buscar a mis hermanos, dijo Jesús, y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios” (Juan XX, 14-17). Magdalena se apresuró a llevar a los discípulos tan feliz mensaje.

¿Cuándo se apareció Jesús a las santas mujeres? Cuando, acompañadas de Magdalena, iban a llevar la noticia a los discípulos. Estaban sobrecogidas de temor y llenas al mismo tiempo de grande alegría. Jesús se presentó delante de ellas en el camino y les dijo:  “Dios os guarde” Entonces se acercaron y le abrazaron los pies adorándole. Jesús les dijo después:  “No temáis. Id y decid a mis hermanos que vayan a Galilea. Allí me verán” (Mat., XXVIII, 8-10). Jesús no quiso manifestarse en Jerusalén más que a los Apóstoles a un corto número de discípulos. A todos los demás, los citó para Galilea.

¿Creyeron los discípulos a María Magdalena y a las otras santas mujeres? Salvo Pedro y Juan, los demás miraron lo que les decían corno locura, no lo creyeron. Permanecieron, como los dos días precedentes, desolados, no sabiendo en qué apoyar su fe y su esperanza en el Maestro que tanto habían amado.

¿Por qué se apareció Jesucristo primero a la santas mujeres? Para recompensarlas por su abnegación sin límites. Habían venido con Él desde Galilea y puéstose a su servicio. Lo habían seguido hasta el Calvario, y después de su muerte se ocuparon constantemente en llevar a cabo todo cuanto requería su sepultura; por esto tuvieron la dicha de ser las mensajeras del milagro de la resurrección cerca de los Apóstoles, como éstos fueron testigos de ella delante del universo entero.

¿Por qué permitió Dios la incredulidad de los Apóstoles? Para dar mayor autoridad a su testimonio. No rindiéndose más que ante la evidencia, y esto no sin dificultad, a pesar de la predicción tan clara que Jesús les había hecho de su resurrección, manifestaron que no eran de carácter crédulo.

¿Fueron los miembros del Sanedrín tan incrédulos como los Apóstoles? No: pues se vieron obligados a admitir, aunque muy a pesar suyo, el relato que les fueron a hacer algunos de los guardas del sepulcro.

¿Qué hicieron para impedir la creencia en la resurrección? Habiendo reunido consejo, dieron una crecida suma de dinero a los soldados, diciéndoles: “Decid que mientras dormíais, vinieron sus discípulos y se lo llevaron. Si el gobernador lo llega a saber, nosotros lo calmaremos y os pondremos en seguro”.  Los guardas propalaron esta mentira que hasta nuestros días tiene crédito entre los Judíos (Mat., XXVIII, 12-15).

¿Cuál fue el primer discípulo a quien se apareció Jesús el día de la resurrección? Simón Pedro (Luc., XXIV, 34) a quien sin duda quiso asegurar que había sido olvidada su triple negación y que seguía siendo cabeza de los Apóstoles y futuro fundamento de la Iglesia.

¿A quién se mostró la tarde del mismo día? A dos discípulos de Emaús, que habiéndole reconocido en la fracción del pan, regresaron en seguida a Jerusalén, donde encontraron a los once y a los que con ellos estaban, reunidos en el Cenáculo, y a quienes contaron lo que les había sucedido.

¿Qué aconteció mientras conversaban los discípulos? Los viajeros de Emaús estaban aún hablando, cuando poniéndose Jesús en medio de los discípulos reunidos les dijo:  “La paz sea con vosotros. Soy yo, no temáis”. Turbados y espantados creyeron ver un fantasma. “¿Por qué, repuso Jesús, estáis turbados? Ved mis manos y mis pies, soy yo. Tocad y ved: un espíritu no tiene carne ni hueso como veis que yo tengo” y les mostró sus manos, sus pies y su costado. Los discípulos se llenaron de contento al ver al Señor. Con todo, aún no creían. Jesús les dijo:  “¿Tenéis algo para comer? Ellos le presentaron un pedazo de pez asado y un panal de miel. Luego que hubo comido, tomando las sobras, se las dio y les reprochó su incredulidad Y dureza de corazón porque no habían creído a los que le habían visto resucitado” (Luc., XXIV, 36-43 y Marc., XVI, 14).

¿Estaban presentes todos los Apóstoles a esta aparición? Todos, excepto Tomás Dídimo.

¿Por qué se le llama a éste el Apóstol incrédulo? Porque cuando los otros discípulos le dijeron:  “Hemos visto al Señor”, él les respondió: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi dedo en el lugar de los clavos, y mi mano en su costado no creeré” (Juan XX, 25).

¿No era esta obstinación de Santo Tomás una insensatez? Sí: puesto que el número de testigos de la resurrección se había aumentado, y la fe en dicho misterio contaba ya numerosos adeptos entre los habitantes mejor dispuestos de la ciudad.

¿Qué hizo Jesús para convencer al discípulo obstinado? Ocho días después de la resurrección, estando de nuevo los discípulos, y Tomás con ellos, reunidos en la casa, vino Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo:  “La paz sea con vosotros”. Luego dijo a Tomás:  “Mete aquí tu dedo y mira mis manos; da acá tu mano. Y métela en mi costado y no quieras ser incrédulo sino fiel”. Tomás exclamó: “Señor mío y Dios mío”. Jesús le dijo: “Tomás, porque has visto has creído: bienaventurados los que sin haber visto han creído” (Juan XX, 26-29).

¿Son éstas las únicas apariciones de Jesús? Se apareció otras veces, sobre todo en Galilea, donde había dado cita a sus discípulos. Se manifestó en las riberas del mar de Tiberíades (Juan XXI, 1), sobre una montaña de Galilea (Mat., XXVIII, 16-20) y sin duda en muchas otras circunstancias que no menciona el Evangelio. Según testimonio de San Pablo, se apareció una vez a más de quinientos hermanos reunidos, y otra se dejó ver de Santiago (I Cor., XV, 6, 7).

¿Por qué no se apareció a sus enemigos? 1º Porque no quería imponerse por fuerza a unos hombres que sistemáticamente habían rechazado todas las gracias y luces que les había ofrecido. 2° Porque no los hubiera convencido.  “Si no escuchan a Moi­sés y a los profetas, había dicho Él mismo, no creerán tampoco, aun cuando alguno de los muertos resucitare” (Luc., XVI, 31).  

Testimonio de los Apóstoles 

¿Qué valor tiene el testimonio de los Apóstoles tocante al hecho de la resurrección? Este testimonio es absolutamente incontestable, porque: 1º Los Apóstoles no pudieron engañarse acerca de este hecho; 2° no quisieron engañar; 3° aun cuando lo hubieran querido, no habrían podido lograrlo.

Probad que no pudieron engañarse.- Según las apariciones mencionadas en el Evangelio, los Apóstoles afirmaron haber visto a Jesucristo. Decir que se engañaron, es suponer que vieron a otra persona o a un fantasma. Pero este doble error es imposible, porque: 1º Jesucristo se manifestó, después de su resurrección, no una sola vez, sino varias veces, por espacio de cuarenta días. 2° Jesucristo no se manifestó solamente a una persona, sino a varias, separadas y reunidas, y hasta a más de quinientas juntas. 3° Jesucristo se manifestó en pleno días en circunstancias muy diversas: en un huerto, en un camino, en el Cenáculo; a orillas del lago de Genezaret sobre el monte de los Olivos. 4° Jesucristo se mostró, no a gentes crédulas, sino a personas suspicaces y tardas en creer, con las cuales comió, conversó, y a las que hizo tocar las Hagas de su costado. Admitir que en tales circunstancias, todos los testigos de la resurrección se engañaron, es admitir un fenómeno de alucinación que la razón rechaza como absolutamente imposible.

Probad que los Apóstoles no quisieron engañar.- Ningún motivo podía inducir a los Apóstoles a engañarnos; porque de su superchería no hubieran podido esperar sino: 1 ° Por parte de Dios, un riguroso castigo; porque Dios odia la mentira y aborrece la impostura; 2° Por parte de los Judíos, una muerte inevitable; porque los que .habían crucificado al Maestro no habrían perdonado a los discípulos; ­ 3° Por parte de Jesucristo, ningún socorro, ninguna recompensa; puesto que había muerto ignominiosamente. Emprender tal obra, llevarla a cabo con tantos cómplices admirablemente discretos, y sin interés personal, ¿no sería un hecho en algún modo tan prodigioso como el de la resurrección misma?

Probad que aunque los Apóstoles hubieran querido engañar no habrían podido.-  Para engañar, los Apóstoles hubieran tenido que quitar el cuerpo de Jesucristo y hacer creer en su resurrección. Mas no podían quitarlo sino por artificio, por violencia o por seducción. No pudo ser por artificio. Porque, ¿cómo penetrar hasta el sepulcro a través de la roca y sin dejar ninguna señal de su paso. No pudo ser por violencia. Porque, ¿cómo unos hombres ayer tan débiles y cobardes podían trocarse de repente en capaces de acometer y vencer a los guardas apostados cerca del sepulcro? No pudo ser por seducción porque ¿cómo hubieran podido unos pobres pescadores sobornar a los guardas con el incentivo del oro y de las riquezas?

Suponiendo que los Apóstoles hubieran quitado el cuerpo, ¿habrían podido convencer a los hombres de su resurrección? Esto era imposible. En efecto: la resurrección de Jesucristo era un acontecimiento importante y que entrañaba consecuencias de la mayor trascendencia. Ahora bien, los contemporáneos, a quienes era tan fácil el convencerse de la realidad, ¿hubieran admitido jamás un hecho tan extraordinario, y podemos añadir tan tangible, sin ser completamente cierto y evidente?

¿Qué hay que pensar de la historia inventada por el Sanedrín? Que es la mentira más grosera que imaginarse pueda. ¿Concíbese que soldados escogidos entre los más vigilantes, después de recibir una consigna severa, duerman todos a una y que ni uno solo despierte al ruido de las operaciones necesarias para quitar un cuerpo encerrado en una roca; que sepan lo que ha sucedido en derredor suyo mientras duermen; que habiendo descuidado tan grave vigilancia, los hayan dejado en libertad, y aun más, que les hayan pagado con largueza en vez de castigarlos? ¿Puede concebirse que los miedosos, que habían abandonado a su Maestro, desprecien audazmente, con peligro de sus vidas, sin interés ninguno las órdenes de la autoridad pública, y que después de llevar a cabo este acto, no hayan sido persegui­dos como criminales? En fin, ¿ cómo es posible creer a testigos que duermen? “Vosotros, sí que dormíais, dice San Agustín a estos impostores, al osar presentarnos testigos dormidos”.

¿Cuál es la prueba más patente de todas de las que los Apóstoles han dado de su sinceridad? Los Apóstoles padecieron los mayores tormentos y derramaron su sangre para confirmar el hecho de la resurrección. ¿No es el caso decir: “Creo sin dificultad a testigos que se dejan degollar”? (Pascal).

¿Qué gran acontecimiento confirma el testimonio de los Apóstoles? La conversión del mundo al cristianismo. ¿Se puede admitir que unos miserables alucinados o mentirosos hayan hecho creer en la resurrección de Jesucristo a millares de hombres, y que hayan fundado sobre este acontecimiento la sola religión digna de amor y respeto? Esto sería un milagro mayor que el de la resurrección, o más bien, un fenómeno tan extraño que no puede admitirlo el buen sentido.

¿Por qué ha acompañado Dios de pruebas tan patentes la resurrección de Jesucristo? Porque este misterio es el fundamento del cristianismo. Si Jesucristo no hubiera resucitado su religión sería una impostura. Si ha resucitado, es Dios, y su religión es divina; Por esta razón: 1º El Salvador da constantemente a sus Apóstoles y a sus enemigos, como testimonio supremo de su divinidad, su resurrección. “El Hijo del hombre ha de ser entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte.. mas él resucitará al tercer día (Mat., XX, 18-19) –  “Porque así como Jonás estuvo en el vientre de una ballena tres días y tres noches, así el Hijo del hombre estará tres días y  tres noche. en el seno de la tierra” (Mat., XII, 40). 2º Los Apóstoles establecen ante todo el hecho de la resurrección, como fundamento de la religión cristiana. Este Jesús es a quien Dios ha resucitado, de lo que todos nosotros somos testigos” (Hech., II, 32) –  “Dios le resucitó de entre los muertos al tercer día; y se apareció durante muchos días a aquellos que con él habían venido de Galilea a Jerusalén” (Hech., XIII, 30, 31). ^ 

Cualidades del cuerpo de Jesús resucitado 

¿Qué cualidades tenía el cuerpo de Jesucristo al salir del sepulcro? Tenía las cualidades de los cuerpos gloriosos: claridad, impasibilidad, agilidad y sutileza.

¿En qué consistía la claridad? Consistía en que el cuerpo de Jesucristo brillaba más que el sol. Fue una transfiguración más admirable que la del Tabor. Pero en sus apariciones velaba el Señor este brillo, para demostrar a sus discípulos que era el mismo que antes de su muerte.

¿En qué consistía la impasibilidad? En que el cuerpo de Jesucristo era inalterable, inaccesible al padecimiento, y de inmortal juventud. “Cristo resucitado de entre los muertos no muere ya otra vez; la muerte no tendrá ya dominio sobre él” (Rom., VI, 9).

¿En qué consistía la agilidad? Consistía en que el cuerpo de Jesucristo podía moverse con la rapidez del pensamiento.

¿En que consistía la sutileza? En que el cuerpo de Jesucristo podía atravesar los demás cuerpos sin resistencia ninguna. Por eso salió del sepulcro estando la piedra sellada, y entró en el Cenáculo hallándose cerradas las puertas.

¿Por qué quiso Jesucristo conservar en su cuerpo glorioso las cicatrices de su Pasión? 1º Para darse a conocer a sus Apóstoles y hacer que creyesen en su resurrección. Mirad mis manos y mis pies, yo mismo soy: palpad  considerad  (Luc., XXIV, 39). “Mete aquí tu dedo, y registra mis manos, y trae tu mano, y métela en mi costado” (Juan XX, 27). 2° Para su gloria; porque de sus cicatrices salen rayos de luz que aumentan su hermosura. 30 Para poder mostradas sin cesar a su Padre, quien al ver lo que le ha costado nuestra salvación, se deja aplacar por sus ruegos. 4° Para confundir en el día postrero a los malos, que no han querido buscar asilo seguro en esas llagas que ellos mismos han abierto con sus crímenes. 

Efectos de la resurrección 

¿Cuáles son los efectos de la resurrección de Jesucristo? La resurrección de Jesucristo es: 1° el fundamento de nuestra fe; 2º el modelo de nuestra vida espiritual; 3° la causa de nuestra resurrección futura.

¿Cómo es la resurrección de Jesucristo el fundamento de nuestra fe? Porque el hecho innegable de la resurrección de Jesucristo es la prueba más patente de su divinidad y de la veracidad de sus enseñanzas. Si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación y vana es también vuestra fe” (I Cor., XV, 14).

¿Cómo es la resurrección de Jesucristo es modelo de nuestra vida espiritual? Del modo siguiente, según doctrina de San Pablo: Jesucristo ha muerto por el pecado, pero  no ha muerto mas que una vez. Habiendo resucitado, ya no muere más, sino que vive para Dios y en Dios. Así debe hacer el cristiano. Por el bautismo ha sido sepultado con Jesucristo; ha muerto al pecado: en adelante debe vivir vida divina, conformándose con Jesucristo resucitado. Si tiene la desdicha de perder la gracia bautismal, le queda el bautismo de la penitencia para limpiarse de sus manchas, y morir sin cesar al pecado, hasta que entre en la vida eterna y bienaventurada: En el bautismo hemos quedado sepultados con él, muriendo al pecado, a fin de que así como Cristo resucitó de muerte a vida para gloria del Padre, así también procedamos nosotros con nuevo tenor de vida” (Rom., VI, 4) –  “Si habéis resucitado con Jesucristo, buscad las cosas que son de arriba…, saboreaos en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Porque muertos estáis ya, y vuestra nueva vida está escondida con Cristo en Dios” (Col., III, 1-3).

¿Cómo la resurrección de Jesucristo es causa de nuestra futura resurrección? Porque Jesucristo, que es el Verbo encarnado, al resucitar a su propia carne, ha comunicado por ella a toda carne la virtud de resucitar. Quien resucitó a Jesucristo, nos resucitará también a nosotros con Jesús” (II Col., IV, 14).  

RESUMEN 

Bajada de Jesucristo a los infiernos. Después de la muerte de Jesucristo, su cuerpo fue depositado en el sepulcro y custodiado por soldados. El alma de Jesucristo, unida como el cuerpo a la divinidad, descendió al limbo para consolar a las almas de los justos que esperaban su venida. El alma de Jesús manifestó también su poder en el Purgatorio, haciendo experimentar a las almas que en él se encontraban los efectos de su misericordia. Manifestó su poder en el infierno por su triunfo sobre el príncipe de las tinieblas.

Resurrección de Jesucristo.-  Jesucristo resucitó al tercer día por mi acto de su omnipotencia divina. Habiendo llegado las santas mujeres al sepulcro, dos ángeles les anunciaron la resurrección; dos apóstoles, Pedro y Juan, avisados por María Magdalena fueron al sepulcro para asegurarse por sí mismos del milagro.

Apariciones de Jesús. Puede decirse que Jesucristo se manifestó primero a su Madre Santísima. Después se apareció a María Magdalena y a las santas mujeres, para recompensar su abnegación sin límites. Los Apóstoles, salvo Pedro y Juan, no creyeron al principio en la resurrección de Jesucristo. Dios permitió su incredulidad a fin de dar más autoridad a su testimonio. Los miembros del Sanedrín se vieron forzados a admitir el relato de los guardas, a quienes dieron dinero, para que hicieran creer al pueblo que los discípulos de Jesús habían venid a quitar el cuerpo mientras ellos dormían. El día de su resurrección, Jesucristo, después de haberse manifestado a las santas mujeres, se apareció a San Pedro, a los discípulos de Emaús y a los dis­cípulos reunidos, menos a Tomás, que estaba ausente. Ocho días después, se les apareció de nuevo Jesús, estando presente Tomás; el divino Maestro convenció al apóstol incrédulo.

Testimonio de los Apóstoles.- El testimonio de los Apóstoles sobre el hecho de la resurrección es absolutamente innegable; porque no pudieron ni quisieron engañar, y porque, aunque hubieran querido, no habrían podido. Jesucristo ha acompañado su resurrección con las pruebas más patentes, porque este misterio es el fundamento del cristianismo.

Cualidades del cuerpo de Jesucristo resucitado.- El cuerpo de Jesús, al salir del sepulcro, tenía las cualidades de los cuerpos gloriosos: claridad, impasibilidad, agilidad y sutileza. Jesucristo ha querido conservar las cicatrices de su Pasión, para darse a conocer a sus Apóstoles, para su propia gloria, para aplacar la cólera de su Padre, y confundir en el día postrero a los malos que no han querido aprovecharse de su Pasión.

Efectos de la resurrección.- La resurrección de Jesucristo es el fundamento de nuestra fe, el modelo de nuestra vida espiritual y la causa de nuestra resurrección futura.